Cómo darte a los demás

Escucha la vida con tu corazón. Hay muchas oportunidades. Presta atención a las necesidades de los ignorados, de los solitarios, de los dolidos. El amor no tiene por qué pasar inadvertido. Dar es nacer en un corazón henchido de agradecimiento. En vez de esforzarnos por acumular, animémonos a compartir desde nuestra abundancia de amor.

Estamos llamados a ser las manos y los pies de Dios, la cariñosa sonrisa de Dios, el aliento de amor de Dios…pero nunca estaremos obligados. Llevar a cabo el amor es una elección consciente y libre. Las buenas intenciones nunca son suficientes. Hay que relacionarse mediante acciones concretas. Deja entrar el AMOR en tu corazón y amar será un gozo.

Todos formamos una sola familia y ni así nos sentimos unidos. El amor que recibimos de Dios nos enseña a darnos a los hermanos. Ayudar es hacer que los demás sientan que alguien los ama. Sal de tu comodidad para hablar con los “extraños”. Hazte con ellos un círculo de amigos que se va ensanchando cada día.

Deja que los demás dependan de ti. Cuando des tu palabra, mantenla. Cuando hagas una promesa, cúmplela. Permite que te valoren por tu lealtad, confianza y el simple hecho de estar con ellos. Al aceptar a otro, valora las diferencias. Al escuchar, aprendes. Al aceptar y respetar, brilla la dignidad. Las sonrisas y los abrazos significan mucho, no los escatimes. Si nos expresamos con libertad, aparece la vida más plena.

Piensa entonces en cómo darte a los demás…